Disfrazarse, mucho más que un juego

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Una pregunta que anualmente inquieta a padres y cuidadores es, ¿estará bien disfrazar a los niños? Pues bien, en esta ocasión les presentaremos un poco de información acerca de esta actividad tan trascendental en los niños, para que de esta manera puedan ustedes, como padres, tomar una decisión objetiva con respecto al tema.

Mas allá de los disfraces y los dulces, el 31 de octubre es una fecha en la cual se celebra el día de todos los santos, una festividad que se remonta a varios años atrás y es típica de países como Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido. Sin embargo la práctica de disfrazarse y disfrazar a los más pequeños no es exclusiva de esta fecha ni estas festividades, en ciudades como Barranquilla, Bucaramanga y Pasto, se incluyen los disfraces como parte de sus festividades.

Como vemos el hecho de disfrazarse, implica un importante componente cultural al cual subyacen una serie de símbolos y sentidos que el niño va a adquiriendo como parte de la información que requiere para formarse una idea del mundo que lo rodea. Además los niños comienzan a adquirir poco a poco una idea de la temporalidad, las normas y sus implicaciones: “este año me disfrace de monstruo, el otro año ya no me disfrazaré de monstruo, me voy a disfrazar de médico” , “si no me disfrazo, no me dan dulces”, ó “si no me porto bien no podre disfrazarme de lo que quiero”.

 El componente cultural no es el único que se identifica en los juego de roles y disfraces. Cuando se desarrollan este tipo de actividades se pueden identificar tres etapas, la primera, que incluye la identificación, elección y preparación, en ésta los niños deben ser capaces de evocar un personaje al cual desean reproducir, se ven en la capacidad de elegir y decidir por si mismos, se genera una comunicación reciproca entre padres e hijos, se llega a un acuerdo, y se identifican los pasos necesarios para lograr un objetivo.

Durante la segunda etapa, los niños comienzan a identificar las características propias de su personaje así como lo que los hace diferentes de este. Puede reflexionar acerca de aquellos rasgos físicos o personales que desea replicar. En este proceso el niño se divierte y vive la festividad compartiendo con sus pares algo en común.

En la etapa final los niños generan reflexiones acerca de las experiencias vividas, los momentos compartidos, lo que quieren o no quieren repetir, y se les puede guiar para que comiencen a realizar planes a futuro y desarrollar actividades para llegar a estos: ¿Qué quiero ser?¿que tengo que hacer para ser lo que quiero?.

 Como vemos existe una amplia gama de procesos cognitivos, afectivos, y sociales que involucran este tipo de actividades y que según como sean encaminados por los padres o cuidadores pueden conducir a grandes avance y progresos en el bienestar físico y mental de los niños.

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